J.F.Díaz

09 de enero de 2021

Los profesionales desafían a Filomena y acuden al cuidado de los caballos a La Zarzuela

Las carreras, el turf o como lo quieran llamar tienen al principal protagonista de todo en los caballos, en este caso y por lo que nos toca, en el purasangre inglés. Ese que veneramos o damos la espalda por lo que haga en la pista sin saber cómo se encuentra o si, simplemente, no era su día. Y al lado de las estrellas de este maravilloso invento hay un buen puñado de profesionales que hacen que todo sea posible. Son los que están en el día a día, los que en marzo y abril ya dieron una lección al no dar la espalda a sus compañeros de viaje y los que tanto el viernes como el sábado han estado en las cuadras del hipódromo de La Zarzuela, desafiando a la nieve y a cualquier elemento que se ponga delante de ellos una vez más.

En la jornada del viernes, la nevada no empezó hasta las doce del mediodía, los caballos tuvieron suerte y algunos de ellos todavía pudieron salir a una pista que ya empezaba a estar cubierta por el manto blanco, pero que todavía permitía llevar a cabo algún cánter para que los purasangres soltarán músculos y tuvieran contacto con la fibra del hipódromo madrileño, más blanco que nunca. Los lotes salieron más tarde de lo habitual por el intenso frío  y eso propició que la nieve acompañara algunos de los trabajos.

El momento más duro ha llegado en la jornada del sábado. Madrid, cerrado al tráfico salvo que lleves cadenas en las ruedas de los coches, llevó a muchos de los profesionales a caminar durante hora y media desde Aravaca para llegar al hipódromo de La Zarzuela y poder acudir a la cita con los purasangre, con los que forman pareja indisoluble y de una fidelidad a prueba de bomba. 

En esta ocasión, el cometido no era acompañarlos en su paseo fuera del box porque era materialmente imposible, pero sí el proporcionarles comida, limpiar la cama y comprobar que todo estaban bajo control y que habían pasado sin mayores contratiempos la gélida y nevada noche de La Zarzuela. 

¿Qué se puede hacer para que el frío no calara en los huesos de los caballos en una situación tan extrema? Boxes cerrados, manta y lámpara de infrarrojos calentando el ambiente hasta dónde fuera posible. Al llegar a las cuadras después de la travesía siberiana, los entrenadores, ayudantes y demás profesionales se han encontrado con que la nieve impedía abrir la puerta de la entrada a los patios y en algunos casos dificultaba la de los boxes de los caballos. El frío no impidió que los caballos sintieran curiosidad y se asomaran para comprobar lo que estaba pasando.

Ni están siendo unos días sencillos, ni los que vienen en camino tienen pinta de mejorar, pero los profesionales volverán a estar al lado de los caballos. Gracias a unos y otros, más la afición de los propietarios, hay carreras. Nunca fallan. Siempre están ahí y por todo ello hay carreras. 



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